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Cultura

Controversia por la Llamerada: ¿una danza puneña?

Por Lidia Mollo — 8 Sep 2026

Controversia por la Llamerada: ¿una danza puneña?
Controversia por la Llamerada: ¿una danza puneña?

La reciente presentación de la Llamerada, considerada una tradición de Puno, dentro del evento Miss Mundo 2026 ha suscitado reacciones negativas entre historiadores y gestores culturales bolivianos, quienes argumentan que esta danza es parte del patrimonio cultural de Bolivia y no debe ser reclamada por otras regiones.

El historiador Fernando Cajías señala que, si bien los rituales y las llamas han sido parte de la cultura andina desde la época prehispánica, la versión actual de la Llamerada es una creación urbana que se ha desarrollado en Bolivia.

Cajías destacó que la Llamerada Zona Norte de Oruro fue la primera fraternidad documentada en 1921, mientras que en Puno las agrupaciones surgieron mucho más tarde, en la segunda mitad del siglo XX. "Lo que han plagiado es nuestra Llamerada, que ya es una danza urbana recreada", afirmó.

El historiador también hizo énfasis en las diferencias en la vestimenta utilizada en la danza, mencionando elementos distintivos como el aguayo, la montera, la pollera y otros símbolos propios de las fraternidades bolivianas.

Por otra parte, Napoleón Gómez, gestor cultural y presidente de la Organización Boliviana de Defensa y Difusión del Folclore, insistió en que la Llamerada debe ser protegida, ya que desde 2011 está reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado Plurinacional. Además, recordó la realización del Encuentro Mundial de la Llamerada en 2017, donde participaron representantes de 30 ciudades.

Gómez enfatizó que es fundamental que el Estado asuma un rol activo en la defensa de esta danza, y subrayó que existen pruebas históricas y científicas que respaldan su origen boliviano. "Se necesita una respuesta del gobierno", indicó, cuestionando la ausencia de un ente específico que se encargue de la defensa cultural.

Tanto Cajías como Gómez coincidieron en que la defensa de la Llamerada no debe recaer únicamente en las fraternidades y los gestores culturales, sino que requiere un respaldo institucional para contrarrestar las denuncias de apropiación cultural en foros internacionales.